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incaapaces frente a los tanques

10 julio, 2008

Leí una nota del ojo obrero con respecto a lo que está pasando con el cine nacional, a raíz de lo que se estuvo diciendo ultimamente, coincido y mucho en lo que dice este texto, por eso quería publicarlo en mi blog.

¿A dónde va el cine nacional?
Incaapaces frente a los tanques

El Gobierno Nacional decidió reemplazar a Jorge Alvarez por Liliana Mazure al frente del Incaa producto de un desgaste del primero tras la denuncia de hechos de corrupción ocurridos durante su gestión. Hechos que tienen que ver con una práctica habitual es institucionalizada en el INCAA -así como en todo el gobierno K- de manejo discrecional de fondos. Práctica que se hizo pública esta vez tras un plan de lucha de una asociación de documentalistas (DOCA).

Aparentemente la nueva conducción, más “nacional y popular” que la anterior, estaría dispuesta a realizar cambios en la política del Instituto. Mas allá de la “transparencia” de publicar las erogaciones en la web del Instituto, veamos que hay más allá…
La crisis del cine nacional

Desde la puesta en marcha de la Ley de Cine, en 1994, hay un crecimiento sostenido de la cantidad de películas nacionales. Ese año se estrenaron 11, en 2000 fueron 45(1) y el promedio en los últimos 4 años se acerca a las 60 producciones (las estadísticas sólo registran las películas que pasan por el circuito del INCAA, dejando afuera una cantidad de producciones no estrenadas en salas oficiales). Para darse una idea de este número en perspectiva histórica digamos que en el período 1945-1955, considerado de auge de nuestro cine con una gran afluencia de público tanto a nivel nacional como latinoamericano, el promedio anual fue de 43 estrenos(2).

Sin embargo, desde la promulgación de la Ley, también creció el control de la industria de Estados Unidos sobre la exhibición y la distribución, es decir, el dominio de la cantidad de espectadores y de la recaudación. Esta situación naturalmente derivó en una contracción del público del cine nacional: en el año 1980 el porcentaje de espectadores de películas argentinas era de 16,2%(3), en el período 2004-2006 ese porcentaje bajó al 12,1%(4) y el año pasado estuvo en el 9,1%(5), por debajo de la irrisoria cuota de pantalla del 10%.

Esta proporción en el reparto de la exhibición y la distribución no permite la supervivencia -en términos de mercado- de una producción nacional. Así es que hoy una mínima cantidad de títulos alcanzan a recuperar sus costos con la venta de entradas, generalmente las películas ligadas a los grandes medios de comunicación que actúan a través de diferentes empresas (Patagonik, Primer Plano, Buena Vista, Polka, Sono Film, Telefe). El resto existe sólo gracias a los subsidios y créditos del INCAA, a los bajos costos laborales post devaluación de 2002, a la auto-explotación autogestiva, y al trabajo casi gratuito en las “cooperativas” de la producción “independiente”.

¿A quién Sirven?

Esta cruda realidad llevó a un sector del cine, representado con vehemencia por Pablo Sirvén del diario La Nación, a plantear una ridícula regla de tres simple: si tenemos una cantidad determinada de espectadores de cine argentino, disminuyendo la cantidad de películas subiría el promedio de espectadores para cada una de ellas y podríamos hablar de mayores éxitos comerciales. ¡De tocar la distribución del mercado ni hablar!

Pero lo peor es que este planteo, según el mismo Sirvén, aparentemente ha encontrado eco en la nueva conducción del instituto: “…cayó muy bien en el medio cinematográfico local que Liliana Mazure (…) esté resuelta a parar con la máquina de lanzar 70 estrenos nacionales, que casi nadie ve, en que se convirtió el Incaa en los últimos años. La idea es menos películas, que conecten más con el público, con mayor presupuesto y ayudar a construir productoras más fuertes”(6). Realmente, llamaría la atención una posición así de quien reivindica el grito de las entrañas peronistas de 1973, aunque el gobierno K hace tiempo que hizo propia la política del tero.

1973/1983 Un grito de corazón

Para poner el debate en su lugar recordemos que un funcionario del Instituto de Cine en aquel año, Octavio Getino, impulsaba un anteproyecto de Ley entre cuyas medidas proponía “una mayor intervención del Estado en materia de producción, distribución y exhibición mediante empresas y actividades propias; (…) incremento de la exhibición de películas argentinas; (…) estímulo a la construcción de circuitos de producción y utilización cinematográfica a nivel popular…”(7). También señalaba como éxitos de su gestión el “incremento de la producción nacional” y el “aumento de la concurrencia a las salas”.

Luego de la “primavera camporista”, con el gobierno de Isabel y el de las Juntas militares, se produce una concentración del público de cine en los sectores más pudientes producto tanto del aumento del precio de entradas como de la caída del poder adquisitivo de los trabajadores. El resultado ha sido mejores ingresos con menores espectadores. Un factor contribuyente a este desenvolvimiento fue la virtual desaparición de películas argentinas como principal competidor a partir de 1975”(8)

En 1983 podía leerse lo siguiente en un documento firmado por quienes hoy están en la punta de la pirámide: “Debemos modificar la actual situación, pero ello requerirá de una firme voluntad política de quienes nos gobiernan, que no teman enfrentar a las estructuras monopólicas, y dirigida a romper los que hasta ahora han sido centros de poder. Obviamente, deberá realizarse una acción revolucionaria profunda y para ello deberá formarse la actividad teniendo en cuenta que el cine debe ser, y de hecho lo es, no sólo una industria, sino un elemento informativo, en tanto testimonio, y formativo, en tanto transmisor de ideas”(9).

La comedia de la tragedia

Hoy, a 25 años de este documento suscripto por la DAC (Directores Argentinos Cinematográficos), el panorama del cine es igual o peor que en ese entonces. Las empresas extranjeras determinan la programación de los cines argentinos gracias a su dominio sobre la distribución, la difusión y la exhibición y la consecuencia de esto es que más del 80% de la recaudación va para sus propias arcas. En 2007 las majors (Buena Vista –Disney-, Warner, Universal Paramount, Columbia Pictures, Tristar, Fox) controlaban el 75,57% del mercado(10) y las salas que pertenecen a empresas extranjeras (Hoyts, Village, Cinemark y Nacional Amusements) se llevaban el 64,93% de la venta de entradas(11). A estas empresas no les importa que la cantidad absoluta de espectadores disminuya -de un pico de 45 millones de espectadores anuales en 2004 cayó a 34 millones en 2007(12)– porque su recaudación sigue subiendo a pesar de ello -de 247 millones de pesos en 2005 a 322 en 2007(13)– gracias al constante aumento en el precio de las entradas.

Las vidas posibles

En un largo y contradictorio documento, proponiendo una nueva ley de fomento, la DAC de hoy expresa así su acuerdo con Pablo Sirvén: “El INCAA debe establecer una cantidad máxima de películas o proyectos audiovisuales a ser producidos anualmente (…)”(14).
Recortar la cantidad de producciones de películas nacionales en el marco de una currícula de estudiantes de cine que no deja de crecer en todo el país (en el 2006 había 14.000 estudiantes(15)) y una capacidad productiva que creció a la par, es intentar ir contra la historia y el desarrollo de la industria de la que tanto hablan.

Se estaría, de esta manera, dicho en palabras tan en boga en estos momentos, perdiendo una oportunidad histórica para el desarrollo de la industria cinematográfica argentina. Se continuaría entregando en bandeja a hoollywood tanto el control del negocio como la penetración ideológica imperialista en detrimento de la posibilidad de expresión y desarrollo de una identidad cinematográfica nacional.

Por otra parte, muchos trabajadores de la industria quedarán desocupados, y los que no, cobrarán salarios más bajos producto de la competencia de la fuerza de trabajo excedente. Factor que se acrecienta día a día con los estudiantes de cine que entran a estudiar con la esperanza de ser creadores y terminan en su mayoría como mano de obra flexibilizada de la industria publicitaria o de la televisión.

La nacionalización de la distribución y la exhibición en el país, bajo control de los trabajadores y espectadores del cine, es el único instrumento capaz de revertir este estado de cosas. Esta medida generaría los fondos necesarios para liberar la multiplicación de la producción nacional, para darle a la misma la difusión necesaria en los medios, para volver a abrir salas en los barrios a precios subsidiados para el espectador y de esta manera darle al cine nacional el lugar que le corresponde, no sólo del mercado, sino y principalmente como “elemento informativo, en tanto testimonio, y formativo, en tanto transmisor de ideas”, como se planteaba en el 83…

Los sectores del cine nacional que actualmente concentran la mayor producción y estrenos comerciales no están dispuestos a ir en contra de los intereses de las multinacionales. Ya ni hablar de una nacionalización, ni siquiera están dispuestos a dar pelea por la cuota de pantalla o para imponer impuestos extraordinarios a la industria hollywoodense. Ya tuvieron el tiempo necesario para demostrarlo y no lo han hecho. Se conforman con ser la patria contratista del Incaa.

Muy distinta es la perspectiva que plantean los documentalistas organizados en DOCA, consiguiendo el subsidio al documental digital y el reconocimiento de la figura de realizador integral que coloca la piedra basal para barrer con el dominio de las productoras, y liberar así la producción verdaderamente independiente con fines culturales y por fuera de las lógicas mercantiles.

Por todo esto, frente a esta eterna encrucijada del cine nacional, el Ojo Obrero impulsa la organización independiente de los estudiantes y trabajadores del cine para abrir un espacio de debate y lucha para imponer estas reivindicaciones.

Bs. As., 7 de julio de 2008

Ojo Obrero – Grupo de cine y foto
www.ojoobrero.org

(1) Getino, Octavio, “Cine Argentino”, Ciccus, 2005, Buenos Aires.
(2) Op. Cit.
(3) Op. Cit.
(5) La Nación del 29 de Junio de 2008, Pablo Sirvén
(6) Idem anterior.
(7) Getino, Octavio, “Cine Argentino”, Ciccus, 2005, Buenos Aires, pág. 67.
(8) Revista Variety, citada por Heraldo de Cine, en Buenos Aires 1979 (ver “Cine Argentino”, pág 170. Getino, Octavio)
(9) Documento “Medidas de emergencia imprescindibles para poner en marcha la recuperación de la cinematografía nacional”, firmado por DAC, AAPCI, SICA, AAA, Asociación de Realizadores de cortometraje, Federación de Cine Independiente, Laboratorios Cinematográficos Argentinos, en 1983.
(13) Idem anterior
(14) InfoDac, Especial Julio 2008
(15) INCAA, Censo Nacional Audiovisual 2006

From → Cine Argentino, Incaa

One Comment
  1. Hay varias descripciones de tiempos antiguos por la piedra de poder y él sobre cada uno del las piedras de poder Se describen varios efectos y se han pasado.

    – En shui del feng, cristal se ha tratado como una piedra importante (piedra de poder).

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