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Tiempo de que?

27 octubre, 2005
Hoy, Tiempo de valientes, reí mucho en el cine, me dejé llevar, me relajé y la historia fluyó de manera muy clásica, por momentos no esperable, cosa que me gustó. Un hallazgo gratificante, pensaba entrar a ver otra pelicula, una de las 2 de animación que hay ahora en cartel, pero por el horario entre a ésta y no estuvo nada mal.
Luego, como si el no sólo el tiempo fuera de valientes, sino el día, o mejor dicho la noche, me dirigí a un velorio. El fallecido, el tío de un primo mío, que no era mi tío, pero en todos los cumpleaños y fiestas lo veía y saludaba. Hoy, éste mismo señor, le dijo sí a la muerte, se dejó llevar, no quiso usar respirador artificial, él pensaba que iba a respirar hasta cuando sus pulmones lo decidan y así fué. Lo miro en el cajón, desde lejos, de refilón veo la nariz asomada entre la tela blanca, apenas veo sus ojos, y pienso en una imagen, la de mi abuelo, fallecido hace ya 3 años, que no puedo borrar de mi cabeza y creo que nunca lo haré. Lo miro, dejo de hacerlo, no soy valiente, hoy no. Saludo a los familiares al compás de “lo siento mucho”, que lo digo en forma muy baja, casi ni escuchable, no me gusta decir esas palabras, pero no encuentro algo más original para tal momento, no existe nada que pueda sanar la herida abierta por la muerte de un ser querido, nada, y más que unas palabras, lo importante es la presencia, y por eso estoy ahí.
Me siento en un sillón, mientras me avergüenzo por mis saludos cordiales, siempre pienso lo mismo: no sirvo para este tipo de eventos. En el sillón, pienso, en silencio, mis tíos hablan con mis viejos temas de l infancia, escucho las conversaciones de los demás, están todo hablando de boludeces para pasar el momento. A los 10 minutos mis viejos me dicen que los tengo que llevar, dicen de ir, que es tarde, siento alivio, fué rápido, hoy si, como fué rápida la muerte de este hombre, que en apenas unos meses, una enfermedad que comenzó por tomarle el hemisferio izquierdo del cerebro, llegó a paralizar las piernas, brazos, cuello, mandibula, y por último, los pulmones, dejando vivo su corazón en cada uno de nosotros. Por siempre.
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3 comentarios
  1. Anonymous permalink

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    good day.

  2. lolamaar permalink

    me emocionaste hantartico. se me piantó el lagrimón. en una mañana de corridas laborales encontrar tu post que no esperaba, casi de casualidad, y parar y sentir, y sí, el lagrimón.
    pensaba en eso de que “ustedes” ven al muerto. “nosotros” -los judíos- no. y me alivia. creo que no soportaría ver al muerto.
    son concepciones distintas de la muerte no? o no tanto? no sé, para mí alguien se muere y no lo veo más. lo imagino en el cajón pero por suerte no, no lo veo.

  3. hantartico permalink

    lo bien que hacen en no verlos… no se pierden de nada.
    los mejores recuerdos son en vida, no vale la pena ver el cuerpo inerte sin nada más que hacer más que desaparecer.
    gracias por el comentario.

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