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Llego, recuerdo y escribo

3 septiembre, 2005

Un viaje más a Rosario. En el día. Sin novedades, mismas sensaciones con respecto a la ciudad. En las notas que hacemos, me muestran las partes de la ciudad que no me interesan, como ser la calle principal y su arquitectura. Pero bueno, laburo es laburo. Después sí estuvo bueno, fuimos a lo de una artesana de cerámica, a su taller. Un horno que calienta a 1000 grados, que cuando va por 860 tenemos que quitar el adorno que se está cocinando adentro para ver como está, porque sino nos perdemos el micro de regreso a casa. Sale a las 19hs y son las 18:45. Seguimos ahí, con el horno, esperando, porque la artesana dice que si lo sacamos ahora no va a estar cocido del todo. Yo le digo que en cámara no se va a notar la diferencia. No me quería perder el micro. Se pone unos guantes, quita la tapa y el gran adorno sale, después lo tira en una barril con acerrín, al caer la pieza de cerámica caliente, el acerrín se calienta e incendia. Lo tapan. Nos vamos corriendo, al mejor estilo “Mi pobre angelito”. Parece que no llegamos, son 18:50 y estamos lejos. Bajamos del auto, son 18:59, corremos hasta el micro y el chofer toma mate con otra gente de la empresa. Mi jefe dice: “hacen lo que quieren”. No habíamos llegado a guardar las cosas, el micro está lleno, no podemos dejar las cosas abajo porque nos bajamos antes de Retiro. Malabares para meterlas dentro de los bolsos.

El viaje de vuelta. Insoportable. Mi cuerpo y el asiento del micro parecen estar peleados. Comienza “el programa”, mi jefe dice que le dijeron que está bueno, yo digo que me dijeron que la cámara está muy bien hecha. Y sí, es nuestro programa. Después empieza la película, una de Eddie Murphy, malísima, trato de dormir. Cuesta pero lo logro. Abro los ojos y la película ya no está. Lo que escucho ahora es a una nenita, que intenta hablarle en idioma castellano a su madre, pero por ahora sólo sabe decir mamá y papá. Hablaba en idioma bebe, sin parar. Además, cada 15 segundos, el ronquido de un viejo. Un sólo ronquido, entrecortado, nunca visto, mejor dicho oído. Sorprendente. Entre la beba y el viejo, mis ojos se cerraban pero la mente no. Así transcurrió mi última hora y media de viaje. Peleándome con mi espalda, y escuchando el intento contínuo de charla de la beba y el intento de ronquido del viejo, cada 15 segundos. El momento de mayor rating, cuando la nena, entre palabras que ni su madre entendía, dice: “mamá, papá, gua guau, caca”. Esa seguidilla me parece increíble, se merece un aplauso. La perdono.

Al fin llegamos. 23hs. Me subo al FALCON. Cabildo, los autos se mueven locamente, me incluyo, quiero llegar, estoy desesperado, acelero, esquivo algunos, uno frena de golpe y casi se la pongo, pego volantazo y safo del impacto. Respiro. Abro más los ojos y sigo. Llego, recuerdo y escribo.

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3 comentarios
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